
El poder de la palabra «imagina».
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De hecho, me atrevo a decir que tus pensamientos están más cerca de:
“Si digo que «no», mi negocio nunca va a funcionar nunca”
De hecho, lo entiendo perfectamente. Mi único pensamiento cuando me lancé al emprendimiento era ganar dinero. Y eso significaba para mí, que no importaba quién era mi cliente o lo que me pedía.
Grave error.
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Fundadora de Escuela
Mamá Emprendedora
Soy farmacéutica de origen.
Durante años intenté encajar en una vida profesional que, en teoría, ofrecía estabilidad. Pero en la práctica, me exigía un precio demasiado alto: mi tiempo, mi energía y mi presencia en la vida de mis hijos.
Antes de dedicarme a esto, viví el fracaso de mi negocio de parafarmacia. La tienda se inundó y el perito del seguro se quedó con nuestro dinero. Me quedé con una deuda de 50.000 € y tuve que volver a trabajar por cuenta ajena.
Después, cuando terminé un contrato de sustitución y me quedé embarazada de mi tercer hijo, tomé una decisión muy clara estando en paro:
no quería volver a depender de un trabajo por cuenta ajena si eso significaba seguir ausente de la vida de mis hijas e hijo.
A los cuatro meses de nacer mi hijo, empecé a formarme.
No porque me sobrara el tiempo.
No porque estuviera en el momento perfecto.
No porque mi vida fuera fácil.
Empecé porque entendí que seguir igual me costaba demasiado.
Por eso hoy no enseño esta profesión desde la teoría ni desde una promesa vacía.
La enseño desde haber necesitado una salida real.